Pido disculpas por mi ausencia en este mes de Mayo. Los exámenes me impiden actualizar como me gustaría, no quiero sin embargo abandonar el blog y por eso estoy dando señales de vida.
Primero que nada, a los pocos madrileños que visitan este humilde blog, les informo de un gran evento que está organizando la gaceta Mephisto para el día 20 de este mes. Recomiendo altamente la asistencia, seguro que disfrutarán pasar una tarde distinta rodeados de literatura y arte. Para más información, les remito al blog de la gaceta:
Mephisto.
Finalmente, y para no perder la costumbre de los poemas, en la entrada de hoy no les traigo un escrito mío, sino un par de composiciones dificiles de encontrar y que no muchos conocen. Son poemas que han permanecido en la historia y se han conservado hasta nuestros días, sin la fama de los grandes escritores pero con el mismo valor e incluso mayor talento.
El primero se trata de un poema egipcio, de la época del Primer Periodo Intermedio, titulado "Desesperado". Y en segundo lugar, un poema escrito por Fernando Valenzuela, valido de Carlos II, en la ciudad de Acapulco, camino a su exilio. Espero que los disfruten tanto como yo.
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Desesperado
"Hoy la muerte está ante mí,
como cuando el enfermo sana,
como la libertad
tras la detención.
La muerte está ante mis ojos,
como el perfume de la mirra,
como sentarse bajo un toldo
en un día de viento.
Hoy la muerte está ante mí,
como un camino trillado,
como cuando un hombre retorna
a su casa tras una expedición."
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Si mi mal no permitedar treguas al tormento,remedio es el callar;Que no tienen los males más remedio.Yo soy... pero ¿qué digo?Yo fui... ¡qué mal me acuerdo!Yo he de ser... ¡mal discurro!Y puerto donde ignoro, ¿qué pretendo?
Otros dirán que soy,y alcanzaré por ellosde lástima la dicha,que no puedo alcanzar el valimiento.Despojado de cuantofue dádiva del tiempome vide en un instante,ejecutando en mí justos decretos.Por grande, me envidiaron;¡Qué dictamen tan necio!¡Cómo si el ser yo grandefuera hacer a los otros más pequeños!Conocidas ventajasveneré con respeto;pero la envidia pudovestir de otros colores mis deseos.El ser hombre me queda,y en todo cuanto pierdoantes gano; pues logroen que ninguno envidie lo que tengo.Mas es tal mi desdicha,que, a no ser el talentode los cielos alhaja,me privaron también de entendimiento.En el mar de la cortecorrí fortuna, necio,porque si norte fijotodas las velas entregué a los vientos.Estrellas me empeñaron,que fijas parecieron,y viendo la borrasca,sus luces todas me negaron luego.Golpes de la fortunaen este frágil leñoaunque más le combatan,va lastrando el bajel de sufrimiento.Servir no fue delitosin tener luego premio;que la virtud premiadaes de la envidia declarado objeto.Que me dejan la vidapor piedad no lo creo,pues me la dejan sólopara que siempre viva yo muriendo.Por voto el que navegala entera cuelga al templo;¡Triste del que peligra,Aún más que en las borrascas, en el puerto!Veneraciones sacrasme sirven de consuelo;mas el lugar se quedapidiendole justicia el desempeño.Las dos porciones míasdividen en Toledo,el alma me dejaron,y para extraños climas parte el cuerpo.¡Ay esposa querida!No me llores muerto;Que para mí por penano hay dogal, no hay cuchillo ni veneno.Comisiones han dadoa los cuatro elementospara que en mí ejecutencuanto faltó al rigor para lo fiero.Peregrinando tierras,surcando mares negros,vientos examinando,de ardientes climas registrando el fuego;del uno al otro polocamino, y sólo puedoextrañar los rigoresdel polo que me mira en este puerto.Más ni aquesto me turba,porque el noble, a despechode villanas injurias,no se deja vencer de lo grosero.¿Quíen se pudo librarde las manos del tiempo?Ejemplos tuve muchos,y para muchos serviré de ejemplo.De todo cuanto pude,¡Qué poco agora puedo!Que se deshace fácilpoder fundado en el poder ajeno.Si escándalo juzgaronmis lúcidos empleos,apagadas mis luces,hoy estudian en mí los escarmientos.Pero nada aprovechaa la ambición; pues vemosque en las mismas ruinasAlcázares levantan más soberbios.Pirámides de Egipto,del Líbano los cedros,los unos y los otroscenizas y ruinas perecieron.La inconstante fortunaen no ser fija ha puestosu grandeza, librandoen las mudanzas su mayor trofeo.Yo no la espero nunca,porque constante esperotriunfar de lo caducoy vivir inmortal para lo eterno.Fernando Valenzuela
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(Foto: No, no es la estela del poema, es sólo una estela normal de época de Pepi II, pero ¿a qué queda muy bien?)